El Cerdo Capitalista es el blog personal de Santiago Magnin, online desde Marzo del '08.

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Comillas comillas… “Hagan algo que los apasione. No emprendan por la guita.”

Hoy arrancó EmprendING (“Emprendimientos en Ingeniería”), el mejor curso de emprendedorismo de toda la Argentina y el único que vale la pena cursar (donde es más que justo el intecambio de 6 horas semanales que NO pondrás directamente en tu emprendimiento para estar en un ámbito académico formal). Una de las primeras frases que se tiró fue “Hagan algo que los apasione. No emprendan por la guita.”. En términos generales coincido con este concepto, pero como me gusta ser contrarian, le veo algo muy malo: no aplica a todo mundo. Es una generalización útil para las mayorías pero un consejo peligroso para las minorías a las que sí les gusta la guita -en sí mismo, como una especie de “juego”, no como medio para nada-.

Detesto las culturas organizacionales que se construyen sobre la venta de humo alrededor de la riqueza. Muchas franquicias del tipo Herbalife (donde lo único que importa es que los vendedores vendan, ¡dado ese es el CORE del negocio!) basan su discurso en “Vendé más y mejorá tu vida. Mirá a Pepito como anda en su auto importado bebiendo whisky carísimo, gracias a sus últimos cierres.”. Yo, Santiago, en la contraposición ideológica absoluta a ese concepto, siempre me defino como un amante de la guita y me parece una pelotudez gastarla.

Cuando nos juntamos a jugar al fútbol con amigos, me gusta ser el que junta la guita para pagar la canchita porque me divierte hacer las cuentas, contar los billetes, recibir y entregar papelitos de colores.

Me encanta negociar, competir y ganar; especialmente en juegos donde se ponga en la mesa la inteligencia. Si le doy una vuelta de tuerca a una negociación o le meto algún truquillo de “viveza criolla”, me siento un capo, me gusta. Lo contrario cuando pierdo una negociación por pelotudo. Me duele el ego, dado parte de mi autodefinición de mí mismo es que soy inteligente. Me acuerdo de un ejemplo bizarro de esto… Cuando, en el colegio a los 9 o 10 años, coleccionaba figuritas; era el único que tenía una táctica bastante bizarra de cambio. Trataba de focalizarme en los que estaban por completar su álbum y les despegaba de mi álbum las 2, 3 o 4 figuritas que le faltasen a él/ella a cambio de su pilón completo. Entregaba 2 y recibía 200 a cambio. Nadie hacía tratos más ventajosos y sentir que era el más “vivo” me gustaba. La magia estaba en que, en cada “despegada”, ponía en riesgo mi álbum entero (porque se me podía romper todo al sacar la figurita deseada por mi compañerito). Ese riesgo se lo hacía notar a mi contraparte en la negociación y se lo cobraba. Todos quedaban felices porque lo importante era completar el álbum y no tener un pilón de 1000 figuritas repetidas al completarlo.

Así quedó uno de los álbumes, tras "la maravilla" negociadora.

No me divierte consumir. Me aburre ir de shopping. Me da paja elegir qué producto comprar cuando hay más de 3 opciones disponibles. Lo que me motiva es producir guita, no consumirla. Me fascinan las biografías de emprensarios y, también, me encantan las películas onda “Ocean's Eleven” o las series onda “La Casa de Papel”. No me inmolo por el ganar-ganar. También me va un poco la de Robin Hood.

Coincido en que la vetusta estrategia del palo y la zanahoria no va: No es duradera ni “te llena” la motivación extrínseca de hacer tal cosa, para facturar, para después hacer tal otra con la guita. Una pelotudez semejante pensamiento. Sin embargo, como dice Pink en alguno de sus libros (no recuerdo cuál), la motivación siempre es interna y pasa básicamente por tres cosas: autonomía, maestría y propósito.

  1. Ser emprendedor, en general (excepto que tengas un inversor esclavista que los hay a rolete), ya es sinónimo de ser autónomo y poder dirigir tu propio barco como un champion.
  2. Ser emprendedor, también en general, está relacionado con la maestría… poco a poco vas volviéndote mejor en lo que decidiste emprender (aunque, quizás, ese “algo” que elegiste no te terminaba de “llenar” al principio). Por esta razón es que no me parece, tampoco, muy importante descubrir LA pasión antes de arrancar. No todos la tenemos TAN clara como Pablo Sandoval en El Secreto de sus Ojos.
  3. Recién en la parte de “propósito” veo que tendría algo que ver cuánto te gusta / no gusta la guita: Quizás tu visión del mundo es X y tenés que encarar un emprendimiento X-like. Quizás es Y y sí o sí tenés que ir por el Y-like. A lo que voy es que una “X” puede ser, con total validez, “me divierten los juegos de guita”. No todos los que están en finanzas son giles que se bancan cualquier laburo ingrato pura y exclusivamente para facturar, para después consumir y, recién ahí, sentirse satisfechos. A algunos les gusta hacer números, jugar con guita, mover planillitas de Excel y separar en piloncitos los dólares, o competir con otros en juegos de ganar-ganar o ganar-perder vía papelitos de colores.

Hay mil mundos.

Lo loco sobre esto último es que, si a vos ya te motivan los emprendimientos X-like y viene alguien a poner una torta de plata encima de tu motivación intrínseca, te va a matar la motivación. Lo que era un pasatiempo pasará a ser un laburo y empezarás a repetir esas giladas de “Uh, hoy es Domingo, mañana tengo que laburar”. Nefasto. Algo así como que, si me empezasen a pagar por contar la guita en los partiditos del fobal, ya no sé si me gustaría hacerlo, ¿se entiende? Como que la guita mataría mi juego de la guita. Es como que pagarme me caga la diversión de jugar al Monopoly.

Alguien que colabora gratuitamente en algún proyecto open source o de código abierto, puede ser alguien que, también, se divierte haciendo platita (por eso en sí mismo).

Hace dos mundiales había empezado a arbitrar apuestas deportivas porque me había dado cuenta (no era el único) que había formas de “apostar a lo seguro” garantizado una ganancia. ¿Cómo? No era ninguna martingala pedorra. Se podía apostar a todos los resultados posibles de un evento deportivo, en diferentes casas de apuestas, eliminando al azar y ganando un mango en el medio. Si bwin garpase 1,9 por la victoria de Los Angeles Clippers sobre los Indiana Pacers y 1,8 por el resultado inverso, mientras que Bet365 garpase 1,6 por lo primero y 2,2 por lo segundo, sólo bastaría apostar por los Clippers en Bwin (a 1,9) y por los Pacers en Bet365 (a 2,2) para ganar 1,95% sobre lo puesto sin riesgo. Esta boludez improductiva, por un par de meses, ¡me divertía! La joda fue ahí el propósito. Era un laburo re inútil, en el cual no me veía en el largo plazo. Pero, si a ese arbitraje le hubiese podido poner propósito (Ej: lo hago para bajar el precio de medicamentos clave en la lucha contra el cáncer), quizás hoy lo seguía haciendo. No sé. Quizás, ahí también, después de dos años, sentía que eso ya no era un reto y que no estaba aprendiendo nada nuevo, por lo que lo volvía a abandonar. Allí está la magia: nos gusta “la novedad” (por eso los noticieros son lo que son: no es noticia que un perro mordió a un hombre, pero sí que un hombre mordió a un perro -a pesar de que a la sociedad le convendría enterarse de lo primero porque es más relevante estadísticamente-).

Me parece que, como sociedad, seguimos viendo con malos ojos a quien se divierte jugando juegos de guita y, por eso, hasta en un curso de emprendedorismo se habla de "pasión" por sobre la tarasca.

¿A alguien más le gusta la guita por ahí? Quiero saber si estoy solo je

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