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Traición, disonancia cognitiva, o por qué no me voy a tatuar

Arranqué el 2014 traicionando a mi viejo “yo”.

El Santiago de 21 años estaría puteando a este Santiago de 27. Hace seis años, creía de forma tajante que comprar una propiedad era una pelotudez. Si un departamento de dos ambientes en un barrio masomenos copado está USD 70 mil dólares (aprox. $ 900.000) y ese mismo departamento se puede alquilar por tan sólo $ 4.000 mensuales; ¿para qué comprarlo si se puede alquilar forever and ever? Si uno quería llegar a “triunfar en la vida”, la decisión más coherente era ahorrar e invertir en activos que rindiesen MÁS que un simple inmueble porteño.

Hoy pienso distinto.

Quiero ser empresario, pero soy de clase media. Si quiero construir una familia además de emprender empresarialmente, necesito sí o sí arremangarme y construir un colchón a prueba de riesgos heavy cuanto antes (en los 20s y no en los 30s). Ese colchón lo arranqué a construir este año con un departamento de “ambiente y medio” en el glorioso barrio de Almagro (mi barrio de cuna).

A los 24 años me fui a vivir solo y empecé a entender qué significa (financiera y psicológicamente) pagar un alquiler mes a mes. Tres años después, me sentía un esclavo del propietario: Sí o sí tengo que tener un techo arriba de la cabeza. Es un gasto que no se puede cortar. Uno no puede “elegir” dejar de pagar el alquiler. Yo sí puedo elegir, por ejemplo, no cambiar el celular una vez por año como toda la gilada, o comprarme un auto 0km con un crédito prendario que me cobra el 50% de CFT anual. También puedo elegir si me voy de vacaciones a Uruguay o a Dubai, o si no me voy de vacaciones en absoluto. Puedo elegir si tomo una azucaradísima Coca Cola o agua de la canilla; así como si me compro unas alpargatas de 50pe o unas Nike Air Jordan de la Gran Zaraza de 3500pe. Puedo elegir cuándo tomarme un bondi de 3,50 y cuándo un taxi de 250. Si me gusta pagar una cochera de 1500pe mensuales, guardarle un lugarcito a mi bicicleta en el balcón o moverme caminando de un lado para otro también está en mis propias decisiones. Puedo elegir entre DirectTV Platino por 597pe mensuales y/o la tele de aire gratuita digital.

Quiero tener guita para ser libre. No disfruto mucho del consumo. Disfruto de la producción. Para producir, necesito asumir riesgos (pero ya no estoy dispuesto a asumir el riesgo de no tener un techo donde caerme muerto -como sí lo estaba a los 21-).


Quiero emprender, pero no quiero emprender con la presión fatídica de llegar a fin de mes (lo que me llevaría indefectiblemente a perder el rumbo de negocios).

A los 21 creía que sólo era posible progresar asumiendo riesgos zarpados (plenos de la ruleta, pero ¡para la vida misma!... apuestas con una probabilidad de ganar del 2,7%). Hoy veo a la vida como algo muchísimo más complejo. A los 27, creo que decidirme por “jugar un pleno” del 2,7% (Ej: dedicar todos mis ahorros y mi tiempo a un startup tecnológico con base en Baires) involucra postergar otras decisiones personales que también quiero poder decidir cuando se me cante y como se me cante.

… o todo lo contrario (y estoy racionalizando a posteriori mi decisión cagueta de cubrirme ante un riesgo zarpado que antes sí estaba dispuesto a asumir -justificada por la “disonancia cognitiva”!-)…



Mi filosofía de vida resumida en una imagen: Yo, vistiendo short de “La Salada” (10 pesos del 2008) y alpargatas del Once (49 pesos del 2012), pisando un depto nuevo de 900.000 pesos del 2014.


PD: Este primer depto tiene 31m2 (15,5m2/persona) y, como cierre del post, suman las palabras del amigo Alek Lisefski (que llevó al extremo la pequeñez y la simpleza): “Habitar un espacio pequeño me obligará a vivir de una manera más simple, más organizada y más eficiente” (otro de mis objetivos de vida! :D)

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