El Cerdo Capitalista es el blog personal de Santiago Magnin, online desde Marzo del '08.

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Quiero creer

Quiero creer en un país donde se premie a la iniciativa privada, donde se facilite la búsqueda de la felicidad, donde una inversión productiva valga más que una timba financiera improductiva.




Hoy, la cotización oficial del dólar para la venta estaba a $ 5,04; mientras que la cotización paralela era de $ 7,82 (55% más) y, a un charco de distancia (en Uruguay) se necesitan 9,73 pesos argentinos para comprar un dólar (93% más que la oficial en ARG).


Ciertas timbas financieras son mágicas: En un mercado de valores, la presencia de especuladores otorga liquidez y ella genera la “magia” de cualquier bolsa (si no hubiese especuladores la dificultad para vender un papel sería tal que las inversiones en empresas productivas mediante una bolsa de comercio sería prácticamente impracticable). Los especuladores en los mercados de valores existen y favorecen a la sociedad toda (buscando su propio interés).


Otras timbas financieras son absolutamente intrascendentes y éstas son las que más se juegan por estos lares. La pregunta que trato de no plantearme en estos días es “¿Por qué no compré dólares en vez de invertir productivamente?”. A comienzos del 2011, hubiese podido comprar el querido billete verde (o cualquier activo que cotice en dólar billete) por sólo $ 4. Dos años después (ahora, comienzos del 2013) podría estar vendiendo el billete a $ 8 (aproximadamente). Una rentabilidad neta en pesos de 100% bianual. ¡Locura!

Mientras tanto, soñé con un negocio productivo: un “Rent a Car” que empezó alquilando tres autitos cero kilómetro en los barrios del sur del GBA. Generábamos seis puestos directos de trabajo a través de las remiserías a las cuales les alquilábamos los vehículos (teníamos planeado usar a las remiserías como clientes hasta llegar a las 9 unidades y, recién ahí, lanzar nuestro local propio alquilando a particulares). En el Día # 19 ya nos habían robado un auto. Tuvimos que ir a sacarlo con la policía a una de las 21 Villas de Lanús. Esa no fue la única vez. Los empleados de la remisería nos demandaron (más de uno) a los tres meses de alquiler. Tuvimos que costear zánganos abogados. También nos robaron los dueños de las remiserías. Los autos chocaron (más de una vez). Nos estafaron los mecánicos. En menos de un año, liquidamos lo que quedaba. La mitad de mi inversión había provenido de un crédito. Post-aventura-remisera no me quedó ni un peso (retorno de mi inversión, por el apalancamiento en deuda, - 100%). Si hubiese timbeado en dólares improductivos, hubiese pasado lo contrario (100% positivo en vez de 100% negativo).


Claramente no supimos movernos en ese ambiente y fuimos muy malos emprendiendo en ese rubro... ¡a llorar a la iglesia! Yo quiero creer. Repito. Quiero creer en un país donde se premie a la iniciativa privada, donde las “buenas casas de los barrios lindos” empiecen a ser ocupadas por empresarios exitosos, artistas talentosos, autores distinguidos y atletas multi-premiados. Quiero creer que poco a poco esas “buenas casas de los barrios lindos” estarán cada vez menos ocupadas por políticos, sindicalistas y amigos del poder.