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Colegios tomados y modelo de país

22hs. Estoy viendo C5N. Transmiten la pelea entre dos parejas de obtusos: dos estudiantes de la FUBA vs. Eduardo Feinmann y su periodista compinche. Absolutamente a favor de la toma de colegios-facultades como medida de fuerza para lograr el cambio; y absolutamente en contra de recurrir a acciones ilegales como medios para fines justificados (unos y otros defendiendo cada postura extremista respectivamente).

Resumiendo el encuentro cuasi-pugilístico en dos grandes ejes temáticos, se habló de la “justicia” del sistema universitario (especialmente en el año de ingreso) y de la justificación (o no) de las tomas y los cortes de calle. He aquí mi opinión al respecto.

La “justicia” del CBC: Según los muchachos de la FUBA, el CBC no alcanza para brindar igualdad de oportunidades y cientos de miles de jóvenes quedan excluidos del sistema universitario año a año. Para ellos, todo se trata de un complot oligárquico que lucha por destruir el conocimiento en los sectores populares (¿?). Por otro lado, los periodistas duros del otro lado del ring contraatacaron con que el CBC es una paparruchada que ha de ser reemplazada urgentemente por exámenes de ingreso y cupos especificados por carrera en base a la demanda del mercado. ¿Mi opinión? ¡Dos parejas de pavotes! Para mí, el CBC es sinónimo de igualdad de oportunidades. Yo fui testigo en vivo y en directo del zoológico que se arma en ese primer año de todas las carreras de la UBA. Estudiantes de todas las clases sociales provenientes de colegios públicos y privados maravillosos o de impresentables “colegios” (entre comillas).

Para algunos el CBC es facilísimo (dado que todos los conocimientos son del secundario) pero para otros ese año es un cachetazo de realidad que les permite “ponerse a tono” con sus compañeros privilegiados (que tuvieron la posibilidad de ir a un colegio secundario decente). Nada mejor para igualar oportunidades. La entrada es irrestricta y se ofrece un año entero de “repaso general” para poner a tono a todos los que vengan flojardi. Por si eso fuera poco, la Universidad de Buenos Aires ofrece un sistema (UBA XXI) por el cual quienes provienen de buenos colegios secundarios pueden rendir las materias del CBC sin cursarlas (inclusive antes de terminar el secundario). ¿Qué más se puede pedir?

Ante la realidad de que muchísimos colegios primarios y secundarios son de lo peor, no se me ocurre un sistema más justo que el CBC para igualar oportunidades. Lo ideal sería un sistema con colegios primarios y secundarios con un nivel educativo similar para todos los estratos sociales y para todos los lugares del país. Si esto no se da, a la universidad pública no le queda otra más que hacer todo lo que está EN SUS MANOS por salvar esa situación que le dejan en su puerta de entrada. ¡Larga vida al CBC y a UBA XXI!

¿Qué hay que ir a hacer a la facultad?: Como respuesta a ese interrogante, Feinmann se despachó con su anécdota favorita (mencionándola por trigésima vez en dos semanas que viene cubriendo esta noticia): que él fue a la Facultad de Derecho de la UBA, se recibió en cinco años y medio de abogado, nunca tomó la facultad y que en su época también había ventanas rotas, techos que se caían y “olor a orín” (sic) en los pasillos.

Yo, como lo hizo el “amigo del pueblo” Feinmann, voy a una universidad pública. También me banco cagarme de frío en el invierno (o de calor en el verano), tolero ventanas rotas, así como techos y paredes deterioradas. Por suerte voy a la Facultad de Ciencias Económicas y todas esas condiciones son “tolerables” (a diferencia de Filosofía o Sociales donde el abandono ya es increíble). Como Edu, también voy a la facultad a estudiar. En consecuencia, no me involucro en la política universitaria necesaria para cambiar todas esas condiciones nefastas. Sin embargo, entiendo perfectamente que si todos “nos la bancamos” nunca jamás cambiará la situación de abandono en la educación pública. Es más, si todos nos la seguimos bancando lo suficiente en un par de décadas las facultades públicas van a ser literalmente intransitables. Así que la primera conclusión que saco es que ALGO hay que hacer. ¿Qué es lo primero que hace la gente honesta ante esta realidad? Reclamos formales con las autoridades pertinentes, contactos pacíficos con los medios de comunicación para dar a conocer la realidad educativa, charlas, conferencias, clases abiertas, propaganda política, etc… ¿Qué pasa ante alguna de esas acciones? ¡Un carajo! Vivimos en Argentina, y lamentablemente, el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Y en ese punto es donde todo se va al reverendo carajo. Si la única posibilidad para obtener un fin lícito es recurrir a un medio ilícito (cortar una calle y obstaculizar el libre tránsito de todos los demás), la situación es insalvable.

En línea con lo anterior, por si fuera poco, los gobiernos de turno (municipales, provinciales o nacional indistintamente) premian a la ilegalidad y se cagan felizmente en el cumplimiento de las normas. Quien reclama por los medios legales es olvidado en el enorme sistema burocrático argentino, pero quien corta una calle logra sus objetivos. ¿Qué pasa ante esto? Se refuerza el triste razonamiento de que el fin justifica los medios.

Volviendo a la etapa de preguntas… ¿Qué es lo que yo creo que debería hacerse? En los colegios no tengo idea porque no pertenezco a ninguno y no puedo mandar fruta sobre realidades desconocidas. Sin embargo, en las facultades (donde estoy inmerso) me parece que la solución no es tan difícil de dilucidar. Si el Estado no hace lo que tiene que hacer, hay que arremangarse y hacer lo que no se hace. No importa si le corresponde al alumno ponerse a pintar un aula o al profesor cortar madera para armar bancos. Ya todos sabemos que la recaudación impositiva debería invertirse primordialmente en educación, pero si la realidad es que NO se hace, me parece que una medida espectacular sería juntarnos para dejar en exposición lo que no se hizo HACIÉNDOLO (¡¡me parece más útil gastar energía en hacer algo que en reclamar porque algo se haga!!). Tan sólo en Económicas de la UBA somos como 50.000 alumnos. Con un mínimo compromiso no creo que se nos complique conseguir varios profesionales de la construcción que orienten nuestro trabajo. Con un par de días de dedicación exclusiva y unos pesitos (pocos) por parte de cada uno, en un par de meses, transformamos ediliciamente a la UBA en la UdeSA (sin exagerar).

El “debate” de C5N (que no fue tal) cerró con una “verdad” sentenciada por Feinmann: que los premios nobeles argentinos iban a las facultades a estudiar y no a tomarlas por la fuerza. Dado que no les dieron espacio a los muchachos de la FUBA, les dejo una “puntita” para que lo investiguen por su cuenta: Los cinco galardonados argentinos fueron Carlos Saavedra Lamas (Nobel de la Paz en 1936), Bernardo Houssay (Nobel de Fisiología y Medicina en 1947), César Milstein (Nobel de Fisiología y Medicina en 1984), Luis Leloir (Nobel de Química en 1970) y Adolfo Pérez Esquivel (Nobel de la Paz en 1980).

1 comentario:

Paulina dijo...

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