El Cerdo Capitalista es el blog personal de Santiago Magnin, online desde Marzo del '08.

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Cuando el consumidor se siente un pelotudo

Este post va dedicado a los proveedores que sostienen como filosofía de venta el forreo del cliente.

Advertencia: Post con exceso de puteadas que demuestran el estado del consumidor inmediatamente después de ser forreado.

Como en todo en la vida (tanto ahora como en otros períodos históricos), ante la necesidad extrema de una parte, la otra puede hacer lo que quiere. O en otras palabras, lo que se le canta el culo. Tiene el 100% del poder de negociación y se refriega por donde se le canta tus anhelos o intenciones. Se da en el trabajo, se da en la guerra, se da en el amor… ¿y cómo no se va a dar en el consumo?.

En el trabajo, empleados no calificados en momentos de alto desempleo tiene un bajísimo poder de negociación, por lo que la forreada queda puramente en manos de la moral del empleador. Si soy un sorete te forreo, si tengo mínimos valores morales te trato bien, pero, te toque lo primero o lo segundo (en suerte), te la bancás o te la bancás, porque sino… ¡te cagás de hambre!.

En el consumo, por otro lado, también se da esta situación, pero sólo en ciertas compraventas. La situación más extrema que se me ocurre es la de los medicamentos. Si te estás muriendo y hay un único proveedor de la cura, se paga lo que se tiene y más. Me endeudo hasta donde sea para pagar por “mi vida” (así nomás). Pero bajando un poco a situaciones no tan trágicas les cuento un poco lo que me acaba de pasar para que me consuelen, me puteen por boludo o se sientan identificados. Porque… sincerémonos… Vos, como consumidor, te tenés que haber sentido un reverendo pelotudo en alguna ocasión de consumo.

¿Qué desató este pensamiento?
Hoy se me dio una jocosa situación de bajísima probabilidad de ocurrencia: ¡Me quedé encerrado en el balcón de mi departamento! (sic). Yo estaba felizmente con mi hermano en el balcón pegándole a la bolsa de boxeo (primer improbabilidad: la bolsa fue una compra impulsiva que se convirtió en un objeto que raramente utilizamos, pero que hoy nos pintó usar).


Al llegar las 19hs, la chica que trabaja en casa, se dirige al balcón para saludarnos, para lo que abre el ventanal (¡¡¡de doble vidrio reforzado!!!... que habíamos cerrado del lado de afuera), nos dice un par de boludeces, y vuelve a cerrarlo. Quince minutos después, se nos pasa la furia pugilística y decidimos volver a entrar al depto añorando el aire acondicionado. Al tocar el ventanal y pensando en que mi vieja se fue de vacaciones esta semana (segunda improbabilidad: que estemos yo y mi hermano sólos), le digo a mi hermano: “¿Te imaginás si Adela nos dejó encerra…?”. Antes de terminar de hilvanar mi frase, mi mano ya estaba en una inútil lucha por abrir el gigantesco e inamovible ventanal. Al darme cuenta que verdaderamente nos había trabado el ventanal del lado de adentro, trato de calmarme y pensar en qué joraca hacer. Primer idea: Le digo al portero. Primer contratiempo: El portero está de vacaciones (tercera improbabilidad: el portero CON nuestras llaves de emergencia está de vacaciones). Segunda idea: ¡Esperemos que el portero suplente aún no se haya ido a la casa y nos rescate!.


Yo vivo en un departamento a la calle con otro balcón pegado a la derecha, pero hay doble reja en el medio por lo que me era imposible golpearles el vidrio a nuestros queridos y desconocidos vecinos del edificio de al lado. Trato de pensar y de calmar a mi hermano que ya estaba despotricando contra Adela. ¡La única que quedaba era gritarle a alguno!

Yo vivo en un quinto piso en una bulliciosa calle del centro porteño… Lograr que alguien me escuche sin despertar a todo el barrio con un grito desaforado ya era un desafío en sí mismo… Por lo tanto, diseñé la estrategia de esperar el momento propicio en que corta el semáforo, y el ruido disminuye a niveles donde mi poderoso grito sea comprensible, para pegar el zarpazo fonético (el grito desconcertante). La mejor opción era una vieja que estaba mirando por su balcón de un segundo piso de enfrente. Y le grito. Y me entiende. ¡Vamos carajo!. Pero después, al tratar de llamar al portero suplente, sus señas y gritos eran lastimosos. ¿Justo una fuckin vieja se tenía que asomar al balcón? ¿Por qué no se asomaba un flaco con la voz lo suficientemente grave como para romperle el tímpano al portero?

Para llegar más rápidamente al punto, le grito al portero desde el quinto a la plata baja, que nos quedamos encerrados en el balcón, si puede hacer algo por entrar al departamento. Desaparece unos segundos, reaparece, me dice que no tiene nuestra llave (recordemos que era el suplente), pero se copa y va a buscar al cerrajero más cercano.

Una vez que el señor cerrajero logró abrir la vieja cerradura y entrar a mi departamento (y liberarme del engualichado balcón), su trabajo estaba a la mitad, con la puerta sin cerradura y la vieja cerradura hecha pedazos en el piso.

Ante esta situación, me dice: “¿Te cambio la cerradura?”…
Inadvertiendo el robo por venir pienso: ¿Qué le voy a decir: “No! Dejá que pongo telgopor en el agujero y cierro con la trabita de arriba”??? Obviamente sucumbí ante la oferta y le dije “Sí”.

Al terminar todo el trabajo le pregunto el precio y me dice: ¡¡¡$595!!!... ¿Me están jodiendo?... Yo le digo, azorado y ya medio loco, “¿¿¿¡¡¡quinientos noventa y cinco pesos!!!???”.
A lo que me responde… “Y sí. Es una cerradura blindada importada desde la concha de la lora con llaves bendecidas por Juan Pablo II y Benedicto XVI”.
Por adentro pensaba “Pero andá a la puta que te parió sinvergüenza aprovechador. Yo tengo que trabajar una semana entera para ganar esta guita”, pero decía: “Bueno, ¿me harías una factura por favor?”

Saca el talonario, me hace una triste factura C de monotributista. A todo esto yo ya estaba haciendo números en la cabeza… Si facturás $600 por un servicio de una hora es imposible que entres en el monotributo (por lo menos no en los valores del 2009 cuando había impreso la factura). ¿Sería categoría A el ladrón éste? ¡Si llegaba a estar en una categoría inferior a la mía me iba a agarrar un surmenage!. Obviamente, apenas se fue, me metí en la página de la A.F.I.P. y… ¿Qué descubrí? El señor cerrajero no está dado de alta en ningún impuesto. Ni siquiera en la categoría mínima del monotributo. ¡¡¡Naaaaa!!!


Ahora, pensándolo bien, ¿no me hubiese convenido más revolear una maseta contra el ventanal del living y destrozarlo en pedazos?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que deberian descontar el importe de la cerradura al salario mesual de adela...que por su actitud "adelistica" para no decir otra cosa..terminaron en ese aprieto.
Por otro lado el problema de la despropircion de exfurzo/sueldo a fin de mes..es un temas que recien te das cuneta cuando como un boludo se te ocurrio estudiar una carreracon la cual te la vas a pasar pagandole a plomeros,pintores y temas turros que ni saben hablkar,te muestran la raya y te rompen el culo cuando te cobran...
Muchas Gracias
Dr.Esteban Tercelan

Santiago A. Magnin Gómez dijo...

Gracias por su comentario Doctor!

No seguimos su consejo sobre la situación "adelística" pero, en un momento de furia, se llegó a barajar como posibilidad. :P

Anónimo dijo...

Encontré este blog de casualidad y esta es la tercera nota consecutiva que leo. Te felicito por tus publicaciones, me ecantó el estilo y los temas. Esta particularmente me hizo reir mucho. Adelante! Romina.

El Roedor dijo...

jaja, muy bueno el post! Definitivamente creo que los proveedores y las publicidades nos tratan como pelotudos

Guillermo dijo...

No coincido con el comentario del Dr , fue un accidente , sino , cuando se le muera un paciente que lo maten a el por el problema.
Por el otro lado es continuo el abuso , y justamente vender la idea de que podemos ser ricos ,de que podemos darnos un nivel de vida hiperconsumista es lo que hace que muchos hagan cualquier cosa con tal de conseguir guita.
Es nuestra culpa por seguir repitiendo las ideas de Keynes en vez de Lao Tse

Anónimo dijo...

Cuando compre algo para el balcón voy a agregar una buena maseta a la lista.