El Cerdo Capitalista es el blog personal de Santiago Magnin, online desde Marzo del '08.

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Balance 2013: Tengo el síndrome del “Dr. Reid” y los hijos de la clase media están insatisfechos

Hoy me clavé un capítulo de “Criminal Minds” (gran serie, pero abajo LEJOS de las míticas Lost y Prison Break): el episodio 11 de la séptima temporada; donde la BAU va a San Francisco a capturar a un “unsub” que parece ser el Zodíaco. Copado.

¿Qué tiene que ver esto conmigo y con el glorioso Cerdo Capitalista? Con que estoy sintiendo patente el “Síndrome Dr. Spencer Reid”: Creo que no estoy aprovechando mi tiempo como tendría que estar aprovechándolo.

Matthew Gray Gubler, interpretando al Dr. Reid, dice en este capítulo:
Do you ever wonder if you lived up to expectations? I thought I would cure Schizophrenia by the time I was 25. You know, when I was a kid people told me that I could do anything. (…) I'm afraid I let myself down. (…) I’m 30 years old. By the time Nichola Tesla was 30, he already invented the induction motor.”
¿Te has preguntado alguna vez si estás viviendo a la altura de tus expectativas? Yo pensaba que iba a curar la esquizofrenia a los 25 años. Cuando era chico todo el mundo me decía que podía hacer cualquier cosa. (...) Estoy decepcionado conmigo mismo. (...) Tengo 30 años. Nichola Tesla, a sus 30, ya había inventado el motor de inducción.

Hace un tiempo leí este glorioso post de Tim Urban y Andrew Finn, en donde analizan por qué los yuppies yankies están infelices. Lo que expresan los muchachos, que viene al pelo de mi Balance 2013, es algo así…

La fórmula de la felicidad es simple. Felicidad = Realidad – Expectativas

De lo anterior se deduce que cuando la realidad de uno supera a las expectativas que uno tenía, es feliz. Cuando la realidad está por debajo de las expectativas generadas, uno es infeliz.

Nuestros padres nacieron entre el 50’ y el 60’. Ellos fueron criados por tipos y tipas que vivieron durante la Gran Depresión (década del 30’), la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española, la Guerra Colombo-Peruana y la Guerra del Chaco (entre Paraguay y Bolivia). Nuestros abuelos (sus padres) estaban obsesionados con la seguridad y criaron a sus hijos para que obtengan carreras seguras. Nuestros padres soñaron con una próspera y estable carrera. Ese sueño se veía así… como un buen jardín frondoso para la casa propia:



A nuestros padres les enseñaron que nada podía impedirles conseguir ese glorioso “pasto bien verde”. Sólo tenían que construir una carrera en base a muchos años de trabajo y esfuerzo para hacer realidad ese sueño.

Durante los 70’s, 80’s y 90’s, el mundo creció significativamente y nuestros padres vivieron períodos de gran prosperidad económica (dentro de los límites de la clase media argentina, siempre vapuleada ante las sucesivas crisis). Su carrera resultó ser inclusive mejor que lo que esperaban, sus padres quedaron orgullosísimos de “su hijo el Doctor” y… ¡el pasto terminó siendo aún más verde de lo que soñaban! Esto hizo que se sintieron realmente agradecidos y optimistas.

Tras esa experiencia positiva, nuestros padres nos criaron con foco en el optimismo y las infinitas posibilidades… ¡y no estaban solos! Todos los padres Baby Boomers del mundo occidental criaron a sus hijos diciéndoles que podían ser lo que quisiesen ser, instalándoles muy dentro de sus psiquis el especial rol de “protagonista”. Esto nos hizo ambiciosos y ser ambiciosos hizo que el sueño del “pasto bien verde” de nuestros padres no sea suficiente. El “pasto bien verde” así nomás es para la gilada: No tiene ningún componente de excepcional o único que nos merecemos ¡Nosotros queremos pasto verde y flores!



Desde 1985 hasta la actualidad, los libros han escrito cada vez menos sobre “carreras seguras” y cada vez más sobre “trabajos que satisfacen” o “trabajos para realizarse plenamente”. La Generación Y, como yo, no se conforma con la prosperidad económica que obtuvieron sus padres. Además queremos, ¡una carrera que nos llene!

Pero eso no es todo… A todos nosotros nos vendieron otro mensaje poderosísimo durante toda nuestra infancia: “Sos especial”.



Esto de creernos especiales, lo cual ya es casi delirante, nos lleva a pensar: “OK. Tanto yo como mis amigos vamos a ir y agarrar (como buenos protagonistas que somos de nuestras vidas) un buen trabajo que nos llene, pero como yo soy inusualmente vivo, mi carrera sin lugar a dudas se destacará entre la multitud.”

Esto nos hace creer que todos tendremos un “buen pasto verde con flores”, pero que ¡el mío tendrá un pintoresco unicornio que tire fuego por la boca arriba! (eso único que me merezco por ser realmente especial).

En el colegio yo no era abanderado ni mejor compañero, pero me ganaba la “medalla al mérito” y batí el récord del parcial más chamuyado entregando un examen de Geografía con 22 páginas (más texto que el contenido completo que había que estudiar). Terminé el secundario estudiando minutos por examen y, a los 18, ya tenía una empresa up & running que facturó desde el Día #1 y me daba una utilidad neta que duplicaba el sueldo que podría haber ganado en aquel entonces en relación de dependencia. Tengo un CI de 135, estudié dos carreras de grado, conseguí trabajos copados, tomé algunos riesgos… Yo sigo convencido: Los demás no serán especiales, pero ¡yo sí que lo soy!… pero… Wait! “Especial” justamente significa “diferente al resto”. Si la mayoría es especial, el significado no tiene sentido. ¡Es delirante pensar que todos somos especiales!

Pero eso no es todo… La tercera pata que arma nuestra podrida psiquis es que, por nuestra experiencia previa, creemos que no tendremos que meter años y años de duro trabajo en nuestra carrera previo a llegar a nuestro lindo pasto verde con flores y unicornios. "¡Esperá a que el mercado laboral me encuentre! ¡Cuando se den cuenta lo especial que soy, de toque voy a tener todo lo que me merezco!" (somos ridículamente ansiosos… la TV, los jueguitos y la vida nos enseñaron que todo es “YA”)

Sin embargo, desafortunadamente, las grandes carreras llevan siempre sangre, sudor y lágrimas (sin importar cuán vivo o “especial” seas). Además, la mayoría de la gente que hoy es exitosa no estaba haciendo nada demasiado interesante entre sus 20 y sus 30 años.

Todo esto hace que nosotros (los jóvenes menores de 30, de la “Generación Y”) estemos muy insatisfechos con nuestros actuales trabajos y logros. El esperado pasto verde con flores y unicornios está muy lejos (¡¡¡aún!!!); y la realidad demostró ser una tierrita marrón caca poco valorable.

Pero eso no es todo… En esta década ultra-moderna, el “éxito” ajeno se nos refriega en la cara constantemente y 24x7. ¿Estás feliz porque este año llegaste a irte a Mardel 15 días? Para tu comparación (consciente o inconsciente), Facebook te va a mostrar todos los días las fotos de tus compañeros de laburo yéndose a la Polinesia Francesa, a Miami y a Barcelona. ¿Conseguiste un buen laburo de jornada completa que te satisface y te garpan 10 lucardas por mes? En Twitter, seguís a 150 personas que postean a diario como están cambiando el mundo (posta) y ganando cientos de miles a cambio.

Todas las redes sociales exacerban lo que se conoce como “Image Crafting”, creando una situación donde: 1.- Todo lo que hacen los demás está constantemente en exhibición. 2.- La mayoría de la gente presenta una versión de sí mismo “inflada” para quedar mejor frente a sus pares. ¿Pasaste una noche ultra bodrio en la casa de un amigo? Igual te sacás 20 fotos sonriendo y en poses de puro disfrute, para que tu círculo siga comprando la imagen de reina de la noche que venís vendiendo desde siempre.

Esto hace que creamos que todos están alcanzado ese famoso pasto verde con flores, cuando nosotros seguimos “estancados” en esa tierrita marrón caca poco valorable.

¿Qué tenemos que hacer entonces para superar la insatisfacción este 2014?
1.- Mantenernos ambiciosos: La mayoría de la gente que hoy es exitosa no estaba haciendo nada demasiado interesante entre sus 20 y sus 30 años. Preocupate por ir para adelante.
2.- ¡Dejar de pensar que somos especiales! Todos tenemos algo que nos hace diferentes, pero eso no nos hace “especiales”. No compres el bullshit de lo lindo y maravilloso que sos.
3.- Ignorar a la gilada. Si no sabés convivir con las redes sociales sin compararte con el resto constantemente, cerrá tus cuentas (de Facebook, Twitter y demás yerbas) y viví bajo tus propias reglas.