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Los ricos no saben educar a sus hijos en la generación de dinero; mientras que la descendencia de la clase media tiene “hambre de gloria”

En mi anterior post “¿Cuántos millonarios hay en el mundo?” plasmé esta frase (la del título), la que generó cierta controversia, sobre la cual quiero echar un poco de luz.

En contra de lo expuesto en “Padre Rico, Padre Pobre” y otros libros de “autoayuda financiera” que se venden por millones; donde los autores suponen que cada padre educa a su hijo en tratar al dinero de la misma forma en la que él lo trató, y por esa razón, se perpetúan las clases sociales inter-generacionalmente, me parece que la vida real demuestra que aún existe la movilidad social (tanto ascendente como descendente) y, en cualquier caso, los ricos no deberían aprender lo mismo que la clase media para mantenerse o ascender económicamente.



Pirámide Social Argentina a Septiembre 2009


Gastos Necesarios para pertenecer a la Clase Media a Octubre 2010



Además, aunque los hijos de los ricos llevasen una “buena vida”, ¿por qué NO hay que imitarlos? Pues, porque ya poseen “el capital”. Por lo tanto, pueden dedicar sus vidas a ser felices empleados de una multinacional (accediendo a alguna gerencia intermedia y conformándose con un ingreso mensual de $ 15.000), pero porque además de ese sueldo ya poseen ingresos provenientes de inversiones, rentas, etc. Si heredás una fortuna y tenés “dos dedos de frente”, dilapidarla es casi imposible.

Usemos algunos números… Uno de los tres hijos de un millonario argentino hereda u$s 3.000.000 en una empresa siderúrgica, inversiones bursátiles por u$s 500.000 y cinco departamentos en el centro porteño. Con una mínima dedicación mensual esas inversiones le generan al heredero unos u$s 20.000 mensuales (algo así como $ 80.000). Si no es ambicioso, se plantará ahí. Y le alcanzará para vivir una vida de clase alta acomodada... Pero un descendiente de la clase media no puede ni debe seguir esos consejos, pues para él el desafío será generar capital y no mantenerlo. ¡Enorme y garrafal diferencia!

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