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La rebelión de Atlas: ¿Con quién te sentís identificado?


Como verán en la barra derecha de este blog, en mi opinión, un buen libro para todo emprendedor es “La Rebelión de Atlas” de Ayn Rand. Como para no “spoilear” la trama de la novela les presento a algunos de los personajes que aparecen en los primeros capítulos y los invito a compararse y ver con cuál se ellos se sienten más identificados.

HANK REARDEN: Ojos de un pálido hielo azul, cabello rubio ceniciento. El hombre era alto y huesudo; siempre los demás lo habían visto como demasiado alto. El rostro, de prominentes pómulos, parecía tallado y lo cruzaban delgadas líneas, no marcadas por la edad, porque siempre habían estado allí. Por esa razón, había parecido viejo a los 20 años y se veía joven ahora, a los cuarenta y cinco. Desde que tenía memoria, le habían dicho que su cara era fea por su aspecto implacable, y cruel por su dureza. Nunca se sentía solitario, salvo cuando era feliz. No tenía habilidad para esas conversaciones en las cuales no se decía lo que se quería decir. Es empresario. Es exitoso. Vive para su trabajo. Ama su trabajo.
Todos le reprochan que sólo hace esfuerzos por sí mismo. Los medios dicen que Hank que es un tipo intratable, que no tiene compasión, que no permite la menor interferencia en la conducción de su empresa, que su único objetivo consiste en fabricar acero y en acumular cada vez más dinero. Hank afirmaba lo último. Su principal objetivo, en efecto, era acumular cada vez más dinero; y no tenía problemas en decirlo. Le importaba “un demonio” lo que pensasen los demás.
Hank creía que en los negocios no había que suplicar, que lo que se ofrece tiene su propio valor y que sólo se entrega valor por valor. Para él, existía una sóla forma de depravación humana: carecer de metas.
Llevaba una vida basada en el axioma de que el ejercicio constante, claro e implacable de sus facultades intelectuales era su deber principal. Nunca tuvo consideraciones consigo mismo. Cuando surgía un problema en la fundición, su respuesta inmediata era averiguar qué error había cometido y nunca investigaba las culpas ajenas, sino las suyas; sólo de sí exigía la perfección.

Madre de HANK: Ayuda en la escuela parroquial junto con su amiga. Da clases de artesanía en metal a los niños de los barrios más pobres, para que aprendan a construir picaportes de hierro forjado. Piensa sobre su hijo que: “Hank Rearden no se interesa por nadie, persona, animal, ni planta, a menos que se encuentre relacionado de algún modo con él y su trabajo. Sólo eso le preocupa. He intentado enseñarle humildad. Lo intenté toda mi vida, pero sin resultado.”


PHILIP REARDEN (Hermano de Hank): Siempre había tenido una salud muy delicada, aun cuando los médicos no hubieran encontrado ninguna dolencia específica en su cuerpo desgarbado y débil. Tenía treinta y ocho años, pero su debilidad crónica hacía pensar muchas veces en que era mayor que su hermano. Opinaba que su hermano Hank trabajaba en exceso. Hank había pagado por sus estudios universitarios, pero Philip nunca se decidió por una carrera en concreto. Nadie sabía con exactitud qué hacía con su vida. Philip pertenecía a varias instituciones benéficas, una de ellas la de “Amigos del Progreso Mundial”, organizadora de conferencias gratuitas sobre psicología, música popular y cultivo cooperativo. Hank Rearden despreciaba los grupos de esa clase y no veía razón para profundizar en su naturaleza.

FRANCISCO D’ANCONIA: A los 23 años, cuando heredó su fortuna, Francisco era conocido como el rey mundial del cobre. A los 36, continuaba siendo famoso, no sólo como el hombre más rico, sino como el playboy más espectacular y detestable de la Tierra. Era el último descendiente de una de las más aristocráticas familias de Argentina. Poseía campos ganaderos, plantaciones de café y la mayoría de las minas de cobre de Chile. Era dueño de casi media Sudamérica y de diversas minas en los EEUU, a las que no les daba más importancia que a unos pocos centavos.

1 comentario:

Pablo dijo...

Acá pensamos lo mismo que vos:

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Partido Liberal Libertario de Argentina